martes, 30 de noviembre de 2010

Conversaciones extrañas IV

A ver que os explico. No sólo Luismi pasa esos malos ratos. Maribel y yo también nos echamos unas risas a causa de nuestras dificultades con el francés.
La otra mañana fuimos al despacho de una profesora, y esto fue lo que pasó:

Tok tok
Nostras: Bonjour! Ou est la professeure Remi Wattier?
Becario: He goes out today!
Nosotras: Et demain elle sera ici?
Becario: I don´t speak english, only french!
Nosotras: D'accord! Au revoir!
Fuera del despacho:
Amparo: Tía, ¿qué nos ha dicho?
Maribel: Tía, que no habla inglés, sólo francés.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Carlos: Subnormal

Si buscas en un diccionario la palabra subnormal, en una de las definiciones podrás ver que hace referencia a Carlos, acompañado de esta foto:

MaRiBeL eS ToNTa

ReCieNTeS eSTuDioS BioLoGiCoS HaN DeTeRMiNaDo Que MaRiBeL eS ToNTa.

¡Fiestaca!

Para qué queremos el VLV, el Chat Noir, el Byron Bay, La Noché, el Salsa Pelpa ni ninguna otra discoteca de Dijon, si nuestra querida Danyelle nos presta su cuarto para una de las noches más divertidas de este Erasmus... ¡¡Para qué!!

domingo, 28 de noviembre de 2010

¡Nieve!

Disfrutando como enanos de la nieve, las luces de navidad, nuestros gorros nuevos con pompones, el mercado navideño, los bolazos de nieve en toda la cara, el ambiente pre-navideño...






LA MEJOR Y MÁS GRANDE HISTORIA JAMÁS INVENTADA

Erase una vez una historia. Una historia no, entonces es como dos historias. Era una niña con coletas que iba andando por la calle. Se tropezó con una piedra. Al tropezarse se encontró con un escarabajo de oro, abrió sus alas y voló. Recorrió todo el Sahara hasta Lucia Lapiedra. Empezaron a grabar una peli porno. Apareció un tío, actor, al que no se le levantaba, aunque se le iba para la derecha. Se enamoró de él. Después del polvo echaron un cigarro-porro. El tío se levanta y se va, porque se convirtió en grillo, que no era de oro. Decidió que lo que siempre le hubiera gustado hacer es meterse bajo la tierra, encontró un laberinto y lo siguió. En realidad no era un grillo, era un hombre soñando porque había tomado setas alucinógenas. Pero se dio cuenta de que no soñaba, sino que estaba despierto. Entonces decidió escribir una historia:

Se levantó la solapa y siguió andando. Se puso los rulos y salió a la calle. Toda la gente le silbaba al pasar y le gritaba guapa. Entonces ella se giró y le vio. Le vio el tanga que llevaba rosa, más hortero que el de la Belén Esteban. Le pegaron una voz y le dijeron: "¡¡Guarrilla!!" Entonces decidió cambiar su estilo de vida y se subió el pantalón. Lo primero que hizo fue ir a la peluquería y teñirse el pelo de negro, porque antes lo tenía rubio puta. Se reconcilió con su madre, fue a casa, a su habitación de pequeña y se fijo en un peluche al que le faltaba un ojo. Entonces recordó una historia de su infancia en la que jugaba con su osito, hasta que llegó su hermano con un cuchillo, enfadado por haber leído su diario y le amenazó con sacarle un ojo al oso. La niña se puso a llorar y se fue corriendo a su guarida secreta, que era el desván de la casa. Empezó a rebuscar entre muebles llenos de polvo, abrió un cajón y se encontró una caja de música que le regalo su madre. Al abrirla vio un botón semiescondido. Lo pulsó y vino un torbellino de aire, que la introdujo en un mundo mágico. Entonces se dio cuenta de que veía a través de los ojos de su osito. En un principio no enfocaba bien, no entendía qué cuerpo había frente a ella. Se acercó y la imagen se hizo más nítida: era su hermano, que se acrcaba con el cuchillo en la mano. Se dio cuenta de la clase de familia que tenía, y que su oso era lo único que quería. Y de la rabia se arrancó el ojo. Ah, vale, que no estaba dentro del oso. El ojo se lo arrancó la niña al oso de la rabia. Vio que arrancarle el ojo le dio mucho placer, gozó, y empezó a desarrollar una doble personalidad. Un día, soñando, se dio cuenta de que quería matar a sus padres. Y corriendo volvió a ir al desván, y se inventó una historia:

Una cafetería un hombre y una mujer se conocieron, con mirada indiscreta se miraron, con una nota se dieron los teléfonos y se citaron. Y se excitaron. Quedaron en irse a tomar unas cañas (tía que ganas): Cruzcampo, 1926, etiqueta dorada. Entre conversación y conversación, dedujeron que los dos tenían un perfil en Meetic, y ella dijo: "yo me llamo Piolina". Con las conversaciones, se les hizo de noche, y comenzaron a caminar por el muelle, hasta llegar a un bonito puente desde el que se observaba la luna llena. Él quería susurrar su nombre a la luna, pero no se atrevía por si se le aparecía el diablo. Así que, como tenía vergüenza del nombre, y no se sentía preparado para llamarla Piolina, decidió llamarla al oído Tweety; a la chica se le estremeció el cuerpo, nunca la habían llamado así. Le preguntó por qué la llamaba así, y él le dijo que además de por su nombre era porque la luz que se reflejaba en su piel era tan dorada como los cristales de la farola que iluminaban la calle. Ella sintió que ese hombre era el definitivo, por fin lo había encontrado. Se tocó el bolso y encontró lubricante, y al lado las píldoras que tanto le gustaban. Ella le invitó al hotel, como las mujeres del siglo XXII. Estaba harta de los fracasos sentimentales. Tras una noche de pasión y locura llegó la mañana siguiente, cuando se despertaron y ella intentó volver a hacer el amor, él le dijo que si lo hacía le costaría el doble; se dio cuenta de que era un prostituto. Pero ella lo pagó. Y los dos comenzaron sensualmente a quitarse la ropa. Ella se imaginaba a Christiano Ronaldo. Se tocaron las manos y se tumbaron en la cama. Entonces llegó el ñaca ñaca. Solamente le acarició los labios, ella a él. Y empezó a bajar hasta chuparle los pezones untados en chocolate. Cuando lo tuvo tan cerca pensó que la imagen era un poco desagradable. Ella era más de merengue, y le pidió que se pusiera merengue en lugar de chocolate en los pezones. Entonces Tweety empezó a morderle el vientre hasta llegar a su ombligo. Ella pensó que acariciarle el ombligo con su lengua no era sensual, entonces decidió dedicarse a lamerle otra parte. Atravesó su selva de pelos, y se dio cuenta de que no la tenía dura, y el tío tenía los ojos blancos. Pensó que tenía un ataque epiléptico, y se marchó de la habitación pensando: "¡A mí que no me joda! ¡Nunca hay que mirar para atrás, hay que mirar al frente como los valientes!" Dejó la mente en blanco, como tenía los ojos él, y mirando al pasillo orgullosa de lo que hacía descendió las escaleras. Decidió escribir un libro sobre la siguiente historia:

John golpeó aquella bola como nunca lo hizo. La mandó al infinito. Toda la grada rugió su nombre. Miró al cielo y vio como llovían papeles de colores. Entonces se dio cuenta de que no era el día más feliz de su vida, que le faltaba algo: acordarse de lo que había pasado los últimos 20 años, porque por causas ajenas a él perdió su memoria hacía un año. "¡Es el final de John!", pensó. Uno de los papeles de colores era dorado: era el escarabajo que voló hacia el Sahara para conocer a Lucía Lapiedra.

FIN.

(Historia de un sábado noche, creada por nueve Erasmus en Dijon una blanca noche nevada)

jueves, 25 de noviembre de 2010

Jugando al escondite

Se presentaba como otra tarde más en el cuarto de Maribel, aburridos, tirados por la cama y por el suelo, tal vez jugando al Trivial o terminando viendo cualquier película (seguro que o Harry Potter o El Señor de los Anillos).
Hasta que alguien hizo la mejor propuesta de diversión que hemos escuchado por aquí: "¡Vamos a jugar al escondite!". No sé por qué, pero ninguno dudó ni un momento ni a ninguno le pareció una estupidez (¡ni siquiera a Maribel a sus veintimuchos años!).
En menos de cinco minutos ya teníamos preparadas las reglas del juego (se valía por todo el edificio de Bossuet) y ya teníamos a Maribel contando y a todos los demás escondiéndonos, siempre bajo la atenta mirada del objetivo de nuestra Pepa.


Las chicas aparecieron entre contenedores, Luismi y yo flipándonos por toda la residencia (lo mejor fue cuando Luismi se escondió en un baño, colgado en la pared detrás de la puerta, Maribel abrió y no lo vio)... y por supuesto el ganador, el Migue, al único al que se le ocurriría esconderse dentro de un cajón.
Como si quisiéramos revivir esa infancia que no pudimos vivir juntos, ya que nos hemos conocido todos en la veintena...

Luego la tarde siguió por el buen camino jugando a las películas... y es que ver a Danyelle interpretando Lucía y el sexo, a Petit Miguel haciendo La Sirenita, a mí con Torrente o a Maribel con Diario de una ninfómana (entre otras muchas interpretaciones memorables) no tiene precio...

¡Por muchas tardes como esta en la que, sin nada, nos lo pasamos tan bien!